30 de enero de 2010
En un día nublado, con brisa y temperatura de primavera
10 de diciembre de 2009
El Sentido de la Vida

No sé cuantos de nosotros nos hemos planteado si nuestra vida tiene sentido. Yo a cada rato en los últimos tiempos, en forma repetitiva, incluso agobiante, y si la vida no tiene sentido ¿realmente qué hacemos aquí? La vida tiene que ser algo que nos lleve más allá del cotidiano tratar de sobrevivir angustiosamente a los pagos, a las compras, a las modas, a la edad, a las fiestas que marcan las estaciones del año, y un montón de cosas más. Me quedó bien claro en “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl, y es que cuando encontramos el por qué y para qué queremos estar en esta dimensión, podemos volar sin alas y tener ese sentimiento que se describe como “felicidad”.
Estoy segura que no soy la única que se desgasta con estos pensamientos, y no es mi intención escribir aquí si mi vida tiene sentido o no lo tiene, más es que, para mi, Dios, o el Universo, o cómo quiera cada quién llamarle, tiene una manera de comunicarse con nosotros de llevarnos de la mano en este trayecto llamado vida, que cuando lo vamos entendiendo vemos que no es otra cosa que un juego en el cual Él se divierte mucho, porque la vida es un juego, y ése es parte del sentido: jugar.
Por ejemplo: tu vida no tiene sentido, crees que te mueres, poco a poco, lentamente, que para qué levantarte de la cama, y te levantas utilizando todas las herramientas que has acumulado para estos casos de emergencia, y sales a la calle y “vives” o sobrevives, y te animas y todo es maravilloso y luego te vuelves a apagar, como si se te acabara la cuerda. ¿No es así? ¡Y listo! ¿Para qué seguir? Bueno, es el caso que en un solo segundo puedes recibir dos cartas: una buena maravillosa que te hace saltar de alegría, y una segunda, terrible, con riesgo de ser mortal, la vida se puede acabar y ahora entonces quieres vivir. Así es ¿no era esto lo que querías? y si te mueres ¿cómo puedes disfrutar lo primero? Es así el juego. Si lo entendemos podemos también sonreír, comprendiendo.
Pero es que me he apartado mucho de lo principal. Encontré en “El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte” de Sogyal Rimpoché, algo hermoso a propósito del “sentido de la vida”, y justamente, de la vida de los artistas. Quise transcribirlo para compartirlo con todos ustedes:
Hablando de la Iluminación en el mundo físico, en una oración dice: “al igual que la luz irradia espontáneamente del Sol sin que el Sol tenga que dar instrucciones ni dedicar ningún pensamiento consciente para ello. El Sol es, e irradia” ¿No podría ser una explicación del poder y la naturaleza del genio artístico, pues, que éste deriva su inspiración última de la dimensión de la Verdad?
Esto no significa que pueda decirse en ningún sentido que los grandes artistas están iluminados; por su vida se ve claro que no lo están. Sin embargo, también está claro que, en ciertos períodos cruciales y en ciertas condiciones excepcionales, pueden ser instrumento y canal de la energía iluminada. ¿Quién que escuche con atención las grandes obras maestras de Beethoven o de Mozart puede negar que a veces parece que se manifiesta otra dimensión a través de ellas?
Y más adelante: el arte ha ayudado a muchos a vislumbrar la naturaleza de la espiritualidad. ¿Podría ser, no obstante, que una de las causas de las limitaciones que padece buena parte del arte moderno residiera en la pérdida de ese conocimiento del origen sagrado del arte y su sagrado propósito: dar a la gente una visión de su verdadera naturaleza y de su lugar en el universo, y devolverle, de un modo siempre fresco y renovado, el valor y el sentido de la vida y sus infinitas posibilidades?
Yo no tengo nada más que decir.
25 de noviembre de 2009
15 de noviembre de 2009
Corazones en la “Caracola”
El amanecer en la Caracola es brillante como todos los amaneceres, más por ser esta una isla tropical, además de luminoso, veloz. La oscuridad de la madrugada al amanecer luminoso sucede en un cortísimo tiempo y es preciso estar allí justo en ese momento para presenciar su juego de amarillos y naranjas, es un verdadero placer poder caminar a esa hora temprana por su playa y recoger toda suerte de piedras y caracoles. Yo me encontré dos corazones.
Sentir con todos los sentidos -1 Die Blindekuh- La Vaca Ciega
La experiencia de la oscuridad total
“Yo soy Rita”… se presentó nuestra mesonera y guía y nos explicó lo que venía. Nos formamos en fila india con las manos en los hombros del siguiente. Una media hora antes o un poco más, habíamos seleccionado del menú descrito en la pared, lo que deseábamos comer, también dejamos en un locker carteras, relojes, celulares y cualquier cosa que pudiese brillar. Atravesamos con pasos temerosos un túnel de cortinas negras, cada vez más negras hasta que llegamos al lugar que nos correspondía. Rita puso la mano de cada uno sobre el respaldo de la silla correspondiente y tomamos asiento.
Nada, nada se ve, ni tu mano, ni la mesa, ni tu ropa, nada, sonidos… todos los sonidos, de cubiertos, de platos, de roces, de risas, alguien llama a su guía, los vecinos tan cercanos conversan, se escuchan algunas frases en español, escuchas respirar… Pedimos cerveza porque se sirve en botella y es más fácil tomar de la botella, nos reímos y hacemos bromas, más yo tengo un nudo en la garganta y ganas de llorar, por un momento me siento incapaz de moverme, de atenderme, de servirme, de poder comer. Rita llega con los platos e inmediatamente pasamos del oído al olfato, es una delicia, todavía puedo olfatear las verduras con el queso derretido, la crema, el hojaldre ligeramente tostado… y el tacto inevitablemente interviene, tienes que tocar con las manos la comida, para saber dónde comienza y dónde termina dentro de la circunferencia del plato, puedo llevar las porciones con el tenedor, ayudada por mis manos a mi boca, también degustar otros platos, para ello tenemos que palparnos el rostro y encontrarnos la boca, algo de comida se cae en el camino, sobre la ropa, sobre el suéter, al final te aprendes el camino del tenedor al plato, cortas con el cuchillo, ayudada por los dedos, del tenedor a tu boca otra vez… pausas de silencio que se disuelven con las manos y al final el postre: helados y sorbetes, esta parte es más fácil y deliciosa, tres sabores a ciegas: fresas, limón y uno tan exótico que no puedo descifrar: cambur!
No pedimos la cuenta sino el rescate de Rita, salimos igual como entramos: en fila tomándonos por los hombros, sólo que esta vez la fila es más larga, se suman los comensales de la mesa vecina. Salimos del túnel de cortinas negras poco a poco para acostumbrarnos a la luz. Regresa el sentido de la vista, la sala iluminada se hace presente. No podemos acertar cuál fue nuestra mesa en el plano, cero sentido de orientación a ciegas.
www.blindekuh.ch
5 de septiembre de 2009
Las Vecinas en cinco sentidos...
12 de agosto de 2009
Cotidianidad Femenina
Cotidianidad Femenina
4 de agosto de 2009
5 de julio de 2009
REVISA TU PERAL…
¿Qué dar? ¿Para qué dar? ¿Doy? ¿Cómo doy? – Si para dar algo a los
demás debes hacerte estas preguntas, entonces estás muy atrás en el
camino del Zen. Estas rezagado. Tu espíritu esta confundido.
La práctica de la Vía consiste en tender cada vez más hacia el espíritu “mushotoku”, el espíritu desinteresado, generoso, vuelto hacia los demás. El don, en la acepción amplia del término, es una exigencia del desarrollo espiritual, del espíritu religioso. Puede ser practicado muy modestamente. Lo cual no le resta valor. Por ejemplo, no tomar un alimento que deseamos vivamente. Este acto es un fusé para el mundo entero. Sonreir, dar una palabra de aliento, una mirada limpia y sincera son todas un fusé vivo para toda la humanidad. Tu sonrisa genuina puede sanar a alguien en África hoy. Piensa en eso. Haz del don libre tu práctica diaria.
Un relato Zen cuenta que una anciana le negó una pera a un monje mendicante que se la pidió del peral de su choza. El monje no insistió y siguió su camino. A partir de ese día la vieja no obtuvo ni una pera más de su peral que fue secándose paulatinamente hasta morir. Meditar es también practicar la compasión. Dar. Compartir. Meditar es ayudar al enfermo. De lo contrario meditar es un acto egoísta.
Hay que evitar dar por obligación, por necesidad, por despecho o por miedo al castigo. El fusé no debe ser practicado con vistas a recompensas kármicas; ya que estas no se manifestarán si el espíritu no es mushotoku.
Hace unos días dicté un taller de caligrafía china en Margarita y obsequié varios de mis dibujos a algunos alumnos. En el taller había pintores muy reconocidos…famosos. Mientras regalaba unas de mis obras les hablaba en silencio a ellos y a todos los participantes. Sus obras valen mucho dinero. Pero si a través de sus obras no pueden dar algo a la humanidad, a un enfermo en un hospital, al recoge-latas, esas obras crean un mal karma. Esto es avidez. Si no das, no recibes. Esa verdad no es solamente una verdad Zen. Dar es un comportamiento espiritual. Una joven pintora de la isla, Anne-Marie Herrera, al acompañarme al aeropuerto con su hijo Mateo para tomar el avión de regreso, me obsequió una obra original suya. Esto me impresionó mucho. En ese momento ante mis ojos ella se convertía en Buda. En ese momento ella abrió las puertas de su budeidad. Dar al cosmos es dar a todos los seres. Es quemar el ego. Su obra se convirtió en un medio valioso para iluminarse. Su obra en mi casa puede quemarse, envejecer, desaparecer (evidentemente) pero el espíritu de Anne-Marie ya no volverá a dormir en la ignorancia. La difusión del Dharma (enseñanzas del Buda) es también un bello fusé para la humanidad. Carlos Calderón (otro pintor que tomó el taller) a los pocos días ya estaba usando su Blog para difundir segmentos de la sabiduría del Buda Shakyamuni. Esta carta ha de llegar a ustedes a través de su Blog. Su mente despertó rápidamente y su bondad vuela en las ocho direcciones. Eso es Zen. Dar es una práctica para salir del estancamiento, de la oscuridad, del poder del ego. ¿Cómo está tu peral?
















