Literatura sobre la Obra






Memoria del Espacio

 

Zúñiga presenta tantos de sus más recientes trabajos, en los que perviven los rasgos que han caracterizado su producción a través de su ya dilatada trayectoria.
Formada en Venezuela, Alemania y Chile, la artista ha permanecido fiel a un estilo que permite vincularla, formalmente, a la abstracción lírica, plasmando en sus obras cuidadosamente construidas, pequeñas parcelas de color informes que se yuxtaponen, diluyéndose unas junto a otras para generar composiciones que sugieren atmósferas monocromas que encierran, sin embargo, infinitos matices, y que casi siempre destacan por su luminosidad.
Esta luz que emana de sus obras no es gratuita, pues lo que Zúñiga transcribe a sus lienzos son los paisajes que le rodean en Pampatar, no como puede percibirlos objetivamente la sensorialidad física, sino como los percibe su sensibilidad artística. Lo que Graciela pinta, pues, no son paisajes, sino la huella que en su emotividad deja la contemplación del mundo circundante.
Su pasión por entraña, no obstante, otras preocupaciones trascendentes, como la inquietud por las manifestaciones arquetípicas que afloran en los rituales personales de cada quien y que reflejan, sin embargo, su identidad como miembro de un grupo y su talante como parte de la especie, en interdependencia con las fuerzas de la naturaleza y de la propia cultura. Por ello, la obra se concibe como el resultado de un proceso que se ha iniciado en otro momento, y un lugar quizá remoto. Lo atávico, lo ancestral y primitivo, se hace presente en obras como Conexión con la tierra o Concilio de sabios, donde puede percibirse la presencia inconfundible de los tepuyes.
Los trabajos que se exhiben resuenan en el espectador como horizontes poblados por armonías analógicas, por pequeñas manchas púrpura que parecen evocar personajillos; por reminiscencias topográficas que pudieran remitir a la visión aérea del archipiélago. Compendian los elementos que sintetizan el concepto del paisaje: la línea que delimita la silueta orográfica; la profundidad de los diversos planos, construida a modo de registros horizontales colocados unos por encima de otros, en los que se entremezclan diferentes matices para describir el relieve, a modo de claroscuro, siempre en tonos pastel, siempre esfumándose en sus contornos para desvanecerse suavemente, sin estridencias ni límites precisos, como si la calígine se densificara y los fuera desdibujando gradualmente.
Los planos que se solapan, los tonos pastel, la pincelada barrida, el aspecto velado y el blanco que se superpone para crear atmósferas caliginosas son las señas de identidad de esta creadora, que define sus paisajes como “una puerta colocada en forma horizontal para que el cielo pudiera traspasarla y entrar en casa”. 

Linda D`Ambrosio Morales
Madrid,  Julio 2015







Ritos y Caminos

“Ritos y Caminos” se desarrolla como una consecuencia, de lo ejecutado, lo hecho, lo andado, lo recorrido y el cómo se realiza.

Me ocupo en redescubrir el ritual, los rituales, los cuales, ¿los hemos sustituido, quizá, por el concepto de “rutina”?  El ser humano no puede vivir sin los rituales, aquellos heredados de antiguas culturas, en todas las etnias. Es un hecho, que destruyendo los rituales y creencias religiosas de una civilización, puedes destruirla a toda ella, es lo que hizo el primer mundo en tiempos de la conquista.

En mi parecer, pienso que dentro de nuestra rutina, de alguna manera, cada quién crea sus propios rituales: al levantarse, al acostarse, antes de comenzar un trabajo, los artistas quizá lo hagamos en una forma más consciente, por ejemplo Reverón. Esto sin adentrarnos en la corriente religiosa de cada quién.

No quiero decir con esto, que mi trabajo se base, en forma consciente por lo menos, en un estudio profundo de ellos, pero si me gusta recrearme pensando que una obra pueda ser la consecuencia de un ritual ejecutado en algún tiempo y espacio de nuestra América, como por ejemplo, “Cuenta Cuentos”, quienes son los guardianes de la historia de las Sagradas Tradiciones, ellos cuidan de la expansión de los hijos de la Tierra, guardando los conocimientos antiguos, los cuales comparten después de cenar, alrededor del fuego. “Regreso a Casa”, nos recuerda el dicho de que “nuestro hogar se encuentra donde nuestro corazón está”, esto lo conocen los nativos y se llevan consigo su casa cuando van de un sitio a otro. “Visión del Búfalo Blanco”, es realmente un encuentro con el Sagrado Búfalo Blanco y los hermanos y hermanas del firmamento, seres de todo tipo, diferentes de nosotros, quienes nos visitan para que desarrollemos nuestra habilidad de aceptar lo diferente, lo inusual, con gracia y comprensión.

Caminos son los que recorremos, dónde nos encontramos a otros y a nosotros mismos, ya sea en un horizonte, en un pasaje, en un retrato, en un acercamiento a las formas majestuosas de la Madre Tierra, en una sacudida de su base, en sus diferentes ciclos.

Son rituales ejecutados y caminos recorridos por todos nosotros, consciente o inconscientemente.


Graciela Zúñiga
Porlamar, Julio 2011






 Graciela Zúñiga

Las pinturas de Graciela Zúñiga están a la altura de su veteranía en el oficio de pintar, en el cual posee una extensa trayectoria profesional, complementada con una amplia actividad expositiva y una considerable experiencia docente.

El atractivo principal de sus obras se centra en la impresión de dinamismo que genera la ejecución vigorosa de sus trazos, ordenados en ritmos regulares y dispuestos en simetrías bilaterales. Ese dinamismo es reforzado y potenciado por la intensidad de la gama cromática que envuelve toda la obra y la cohesiona, partiendo de la máxima saturación de un color general que varía sus grados de intensidad y de tonalidad con otros matices hasta culminar con otro color, con pequeños toques complementarios. De ese modo la obra funciona como un conjunto unitario y fusionado. Que se aprecia globalmente como “gestalt”, con efectos de energía general, con acentos equilibradamente dispersos en la obra.


Perán Erminy
Caracas, 2007

 




A modo de ritual místico


El encuentro del color en la obra de Graciela Zúñiga, en una primera lectura, es estallido que se hace fiesta, vida y exuberancia, y luego justo equilibrio al conducir al espectador a un recorrido más interno.

Los trazos de esta senda invitan a encontrar, en fusión, elementos matéricos y sígnicos, presentes en los acrílicos de los que se sirve y en aquellas figuraciones que sin ser protagónicas, son indicios de una temática explorada hace más de quince años y que hoy se revela con ímpetu: la esencia.

La búsqueda que le ha servido de guía, se amalgama en esta etapa, tras varias, en las que hoy, no por azar, coinciden con un proyecto que le sobrecoge y hacen que su selección para la inauguración de este nuevo espacio para el arte, la GALERIA NATURA, sea más que eso: la integración, de la natura que se revela cada día frente a nuevas agresiones y la expresión del gesto humano reencontrándose con sus raíces más primitivas.

Elementos, en definitiva, comunes en esta muestra que anticipan la necesidad de promover y divulgar el recorrido por el camino introspectivo hacia el Ser, su respeto a la madre Tierra y a modo de guía la propuesta de Zúñiga, que nos lleva al centro de la divinidad femenina. 



Anna Maria Cian Finotto
Directora Sala de Arte Sidor
Ciudad Guayana, 2001



Mensajes escondidos…


Primero la agradable sorpresa del encuentro con las sensuales formas, trazos y colores que nos envuelven y nos internan en tu rico mundo. Luego, gradualmente, el placentero relajamiento de los rígidos esquemas de la univocidad interpretativa, hasta la liberación de las obligaciones explicatorias. Y de inmediato la incitación a la búsqueda en los mundos que esta pintura siembra y hace germinar en nosotros: mundos en los que la polisemia puede ser tan profusa como lo es en la obra que los genera.

Al especial manejo del color se suma la muchas veces discreta - insinuada o velada, o simplemente adivinada- presencia de lo figurativo. Todo se traduce, si sabemos leer en esos signos y si sabemos dejarnos llevar por sus múltiples significados -y más aún si osamos inventárselos- en un poder de sugerencia que nos atrapa y nos somete dulcemente, nutriendo nuestra imaginación, alimentando nuestra creatividad, susurrándonos palabras llenas de azul, de verde, de rojo, de amarillo, preñadas de equívocas -afortunadamente- connotaciones.

Hay mensajes escondidos en tu pintura. Escondidos como escondes tus poemas íntimos. No sólo colores y trazos y formas. También palabras, frases manuscritas, a veces como renglones que atraviesan de lado a lado la tela, a veces como signos temblando, suspendidos sobre las formas, como la reverberación del aire caliente en el verano. Mensajes cuyo significado original cede su lugar a su verdadero sentido: al sentido que adquieren según la forma en que percuten y repercuten en nosotros, como el badajo en la campana, si es que en nosotros llevamos el material imprescindible para que se produzca esa intensa vibración.

Y siempre la evolución y el cambio Una permanente y gradual evolución antes que nada, y a la vez la fidelidad a una triple constante: la de la búsqueda, la del trabajo, la de la disciplina. Una pintura que no se aferra al eventual éxito de un feliz acierto de formas y colores, sino que continúa haciendo su camino y no se detiene.

Junto a esta blanquísima mujer desnuda sumergida en azul que tengo a mi lado, bajo su influjo y bajo el influjo de las flores sexuales que completan el cuadro, creo adivinar las futuras etapas de ésta tu pintura, una pintura fanerógama, como las plantas que ahora la habitan. Bajo el influjo de la "Maja Azul", desde este verano de Tokio, te devuelvo en estos pensamientos lo que, por ósmosis, por afinidad, por cercanía, nos ha llegado de ti, a través de la piel, de los oídos, y de los ojos, en ese misterioso lenguaje de las presencias con que pueblas el aire que nos envuelve, en ese diáfano lenguaje de tus palabras cuando hablas, en ese perturbador lenguaje de tus poemas, en ese mágico lenguaje de las formas y los colores y los signos que brotan continuamente de tus telas.


Alvaro Gallardo
Tokio, 2002



El Noble Oficio de la Pintura


Extraño oficio el de la pintura. En realidad, es el oficio más antiguo del mundo y no aquel tan bochornoso- al cual se le ha querido dar este título de antigüedad. Cuando los hombres, y mujeres, empezaron a expresarse gráficamente en el alba de la humanidad, utilizaron los medios que tenían a mano, óxidos y pigmentos rudimentarios aplicados a las piedras que les servían de muros a sus cavernas. Ellos inventaron la pintura, el noble oficio de la pintura. Al mismo tiempo, y sin tener conciencia de ello, inventaron también el arte moderno.

En realidad, salvando el tiempo y la distancia de milenios, poco ha cambiado desde que aquellos hombres primigenios precedieron a los artistas de hoy. Nosotros, los pintores actuales seguimos el mismo proceso creador pero utilizando utensilios y colores más sofisticados y temas más variados, a falta de bisontes.

Estas consideraciones me vienen a la mente, después de haber visto los trabajos de Graciela Zúñiga que ahora están a la vista en esta exposición de Japón. Graciela utiliza como soporte para sus creaciones, telas burdas y ásperas como el jute o arpillera, para acentuar y variar su textura, de ello van brotando luego, sobrios colores por analogía de matices, los cuales, a veces, son confrontados por una nota violenta de color por contraste, para proporcionarnos un mensaje de intemporalidad, de eternidad, como aquel que brota de las cuevas de Lascaux o de Altamira.

Este es un trabajo de lo que denominamos arte sensible, por oposición al arte cerebral, esquemático o conceptual, moda con la cual los artistas de hoy prefieren expresarse. Sus temas son también intemporales y sencillos, no trata de reproducir literalmente una fruta o una flor sino de sugerirla para evocarla mejor. No las coloca recortadas o dibujadas sobre un fondo uniforme; aquí, objeto y fondo se funden en una sola y armónica superficie grata al ojo, al tacto y al espíritu. En estas superficies cargadas de sugerencias y evocaciones surgen de pronto grafismos y caligrafías que no nos imponen un mensaje legible pero sí entendible.

Cargados de un contenido universal e intemporal podrá ser leído y comprendido aquí o en el Japón. Es una obra limpia y sobria, ejecutada con el noble oficio del que sabe pintar.


Angel Hurtado / Artista Plástico
Isla Margarita, Noviembre 2002

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